- November 22, 2019
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Tras la Segunda Guerra Mundial los plásticos comenzaron a penetrar de manera acelerada al interior de los hogares; ya no solo hacían parte de los vehículos, ahora eran platos, vasos, cubiertos, recipientes para distinto uso e incluso, bajo la forma de microperlas como componente añadido a productos de aseo personal o cosméticos. Pero algunas de las ventajas de este tipo de producto, su durabilidad y capacidad de absorción, se han transformado en una nueva fuente de problemas para un mundo no solo sobrepoblado sino también altamente contaminado.
Los plásticos sin duda que están presentes en las vidas de cualquier persona en el mundo, por lo menos en los países desarrollados o en vías de estarlo, en formas, colores y diseños diversos, como diversos resultan sus usos. De hecho tan solo al levantarte, la alfombra en la que colocas tus pies probablemente tenga una parte de material plástico en su composición, la crema dental muy probablemente también los tenga (pero bajo la figura de las microperlas), el vaso que usas para tomar tu café preferido de camino al trabajo o el recipiente donde llevas los snacks o la comida a la oficina, muy probablemente estarán hechos de algún tipo de plástico.
Y tras de ti, como muchos de nosotros, vas dejando una huella contaminante representada por la gran cantidad de plásticos que vamos desechando: el vaso que se usó en la fiesta, el plato de la barbacoa, la máscara de carnaval o de halloween, los adornos de navidad, esa ropa sintética que ya no usas y decidiste tirarla a la basura, son tan solo ejemplos de los muchos contaminantes plásticos (o aquellos que no siéndolo también los incorporan como añadidos en la elaboración del producto para darle determinada cualidad).
De hecho, según la Agencia de noticias EFE [1], citando a la ONU, al año se descartan en el mundo “400 millones de toneladas de plásticos” y solo el 9% es reciclado; de manera que el 79% de tales desechos permanece en los vertederos y un 12% se incinera de forma libre generando aún mayor contaminación [1].
“…Cada año en el mundo se consumen 5 billones de bolsas de plástico, lo que supone casi 10 millones de bolsas de plástico cada minuto…” según EFE.
Por segundo se compran en el mundo unas 20.000 botellas de agua, lo que es lo mismo 1.000.000 de botellas plásticas por minuto y de ellas tan solo el 53%, aproximadamente, terminará siendo reciclada. Y este creciente cúmulo de contaminantes plásticos termina en su mayor parte en los océanos, estimándose el vertido de estos en una cifra cercana a los 10 millones de toneladas por año [2]. Además, debe recordarse que el tiempo de descomposición del plástico va entre los 100 a los 1.000 años, de manera que es un problema de mediano y un muy largo plazo.
Pero el problema de estos desechos es que hace 20 años atrás ya adquiría la dimensión de una “isla flotante” con una extensión de 1.6 millones de kilómetros cuadrados tan solo en el Pacífico, pero no se restringe a los océanos pues en los desiertos también se acumulan y están causando muertes; “se han encontrado camellos con hasta 50 kilos de plástico en sus barrigas” [3].
Y hay más datos que soportan lo antes dicho: cada segundo +200 kilos de basura se vierten a los océanos, al año se han vertido casi 8 millones de toneladas, ello equivale al peso de 800 Torres Eiffel o 14.285 aviones Airbus A380; el total de contaminantes plásticos en las aguas se desconoce, aunque se estima sea entre 5 a 50 billones de fragmentos de plástico en suspensión, no incluye los trozos; de ellos 70% se hunde al fondo marino, 15% se queda en la columna de agua y 15% en la superficie; en el presente 5 islas de plásticos están descritas (2 en el Pacífico, 2 en el Atlántico y 1 en el Índico) [4].
“Se piensa que la situación empeore pues para 2020 la tasa de producción de plásticos aumentará en 900% en comparación con 1980; polietileno, poliéster, polipropileno y cloruro de polivinilo son los principales contaminantes” según expresa la fuente antes citada.
Una vez en el medioambiente por efecto del clima, las mareas, la luz solar, entre otros factores, el plástico comienza a desintegrarse en partes cada vez más pequeñas hasta formar lo que se denominan los microplásticos secundarios; diferenciándose de los primarios por ser éstos creados con esas dimensiones para fines específicos, es el caso de las microperlas, las cápsulas, las microfibras o las pequeñas esferas de plástico [5, 6]. Elementos que disueltos en el agua pueden ser ingeridos por animales y a través de ellos entrar en la cadena alimentaria del ser humano, aunque también formar parte de las partículas en suspensión que se inhalan con el polvo.
En cuanto al impacto, tan solo considerando el lecho marino, están expuestas aproximadamente unas 700 especies de seres vivos: desde el microscópico zooplancton hasta las grandes ballenas, pasando por los lobos marinos y las tortugas, ni el tiburón con su fama de asesino se salva de los ataques de estos contaminantes; las aves marinas también se suman a la lista de los caídos a causa de los plásticos y el ser humano pareciera ser la próxima víctima de tan letal agente; de hecho en opinión del profesor Thompson, ecólogo marino, el tema de los plásticos contaminantes en el lecho marino y los microplásticos, término que se le atribuye precisamente a él, aún no le preocupan al momento de comer su “fish and chips” pues las evidencias no permiten inferir que estos pasen de los intestinos del pez al ser humano [4, 7].
Su temor es otro, ¡son los aditivos químicos y los nanoplásticos los que “sí podrían migrar a los tejidos de peces y humanos”!; con el agravante de que se desconoce la cantidad de aditivos presentes en los residuos que son ingeridos por el pez, como tampoco se dispone de un método que permita “la detección de nanopartículas en el ambiente” [7].
¿Pero debería el ser humano preocuparse realmente por los plásticos contaminantes? Si el impacto medioambiental no es suficiente razón para ello, entonces veamos ciertos datos adicionales: los plásticos actúan como una suerte de esponja que absorbe diferentes tóxicos y que al ser luego ingeridos por los animales, podrían terminar como parte de la dieta humana. Pero más allá de esa posibilidad, la presencia de plomo, cadmio, mercurio, ftalatos, bisfenol A (BPA), dietiletil ftalato (DEHP), los transforma en sustancias peligrosas pues la exposición a ellos implica riesgos a la salud que incluyen la posibilidad de desarrollar cáncer, interferencia hormonal, toxicidad reproductiva, defectos de nacimiento, problemas inmunológicos, así como también problemas en el neurodesarrollo infantil [8].
A lo anterior debería incluirse el estudio pionero que llevan a cabo los profesores Schwabl y Liebmann, ambos austríacos, quienes en un intento por conocer la posibilidad de que los microplásticos lleguen a la dieta humana, revisaron los hábitos alimentarios diarios de voluntarios procedentes de Europa, Rusia y Japón; aunque los resultados son preliminares, encontraron en cada uno de ellos la presencia de 20 pedazos pequeños de plástico por cada 20 gramos de heces; es decir, a diario cada persona del estudio consumió entre 800 a 1.000 piezas de microplásticos. Y lo que resulta aún más preocupante, no se sabe la procedencia exacta del mismo [7].
El mismo profesor Schwabl señala que se desconoce el impacto de los plásticos en la salud humana, pues hasta ahora no hay ninguna muerte que se pueda atribuir a ello; afirmación que pareciera venir además sustentada por un estudio efectuado por el cuerpo científico asesor de la Comunidad Europea, conocido como SAPEA por sus siglas en inglés, que en materia de microplásticos y salud humana sentenció: “no representa un problema generalizado para los humanos o el medioambiente…” pero no por ello debe ser desestimado.
Debe recordarse, y hay que insistir en ello, que experimentalmente se ha demostrado que los microplásticos causan la muerte de animales: al bloquear el tracto digestivo, disminuir la necesidad de comer o incluso al alterar la conducta alimentaria, con innegables repercusiones en el crecimiento y en la capacidad reproductiva de los animales afectados. Aunado a ello, contaminantes como bifenilos policlorados (PCBs), hidrocarbonos aromáticos policíclicos (PAHs) y metales pesados suelen adherirse a la superficie de estos microplásticos y, por esta vía, terminan siendo ingeridos por los animales [9].
En este sentido, la profesora Chelsea Rochman, de la Universidad de Toronto, realizó un estudio donde dejó expuesto a la intemperie por tres meses polietileno molido empapado (el mismo de uso frecuente para la fabricación de bolsas plásticas); luego se lo dio de comer estos residuos mezclados con nutrientes a una variedad de peces de uso frecuente como modelos animales en laboratorio, al cabo de cierto tiempo comenzó a detectar que aquellos peces alimentados con los residuos tenían una tasa superior de daño hepático que aquellos que habían consumido una dieta que incluía plástico virgen [9].
Y ello debe preocupar, más aún cuando todo hace pensar en una creciente exposición a los plásticos.
“Al año la persona promedio ingiere aproximadamente unas 50.000 partículas de microplástico e inhala una cantidad equivalente”…
Y esas cifras pueden ser incluso mayores según expertos consultados recientemente por Carrington en un interesante reportaje para The Guardian [10].
En fin, los plásticos representan un problema creciente tanto para el medioambiente como para la salud humana, por ello urge iniciar acciones que reduzcan o eliminen su impacto.
La solución aunque complicada es simple: ¡un cambio radical en los hábitos de producción y consumo!, volver la mirada a lo que expertos han denominado “una economía circular” que privilegia el crecimiento económico a través de invenciones con mínimo impacto medioambiental; iniciativas en este sentido ya han comenzado a esparcirse alrededor del mundo, de hecho cada día son más las naciones que prohíben el uso de bolsas plásticas, adicionalmente se están prohibiendo el uso de microperlas en cosméticos, grandes trasnacionales han iniciado programas para recoger y reciclar el 100% de los envases que se usen; en otro sector de la industria se trabaja arduamente por desarrollar productos que puedan ser luego reciclados, reutilizados o compostables, pero mientras se trabaja en todo ello y sus efectos comienzan a observarse es tiempo de recoger la basura, para desecharse debidamente. De manera que no hay tiempo que perder, recoger es un imperativo y como ciudadano se tiene el deber de hacer un uso consciente de los plásticos.
Mientras tanto, como un intento de minimizar la presencia de plásticos en tu vida inicia las siguientes acciones [11]:
- Filtra el agua del grifo antes de consumirla, para tales fines los filtros de carbón han demostrado ser bastante eficaces pero siempre es recomendable preguntar al experto en la materia.
- Evita el uso de contenedores plásticos, promoviendo el uso de materiales eco-amigables.
- Descarta el uso de cosméticos o artículos de higiene personal que incluyan microperlas.
- Al lavar la ropa, acorta el tiempo de lavado y secado o usa el secado al aire.
- Al momento de consumir carnes, de cualquier tipo, busca productos obtenidos mediante prácticas sustentables y saludables.
- Y, limita el uso de prendas de vestir sintéticas.
Referencias
[1] EFE. (Junio 5, 2018). La ONU advierte de que sólo el 9 % del plástico usado en el mundo se recicla en EFE website. Recuperado de https://www.efe.com/efe/espana/sociedad/la-onu-advierte-de-que-solo-el-9-del-plastico-usado-en-mundo-se-recicla/10004-3638488. Fecha de consulta: Noviembre 15, 2019.
[2] BBC Mundo. (Diciembre 11, 2017). 5 gráficos para entender por qué el plástico es una amenaza para nuestro planeta en BBC mundo website. Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-42304901. Fecha de consulta: noviembre 15, 2019.
[3] Gorospe, P. (Octubre 14, 2019). “El plástico está haciendo estragos entre los animales” en El País Sociedad. Recuperado de https://elpais.com/sociedad/2019/10/08/actualidad/1570544274_398711.html. Fecha de consulta: noviembre 16, 2019.
[4] Estévez, R. (Agosto 28, 2019). Datos sobre la contaminación que causa el plástico en Ambientum. Recuperado de https://www.ambientum.com/ambientum/residuos/contaminacion-plastico.asp. Fecha de consulta: noviembre 16, 2019.
[5] National Ocean Service. (Noviembre 15, 2019). What are microplastics? En National Ocean Service website. Recuperado de https://oceanservice.noaa.gov/facts/microplastics.html. Fecha de consulta: noviembre 15, 2019.
[6] National Ocean Service. ( ). What are microplastics? En Microplastic marine debris. Recuperado de https://marinedebris.noaa.gov/sites/default/files/MicroplasticsOnePager_0.pdf. Fecha de consulta: noviembre 16, 2019.
[7] Hervey, G. (Mayo 5, 2019). The plastic in our bodies en Politico. Recuperado de https://www.politico.eu/article/the-plastic-in-our-bodies-health/. Fecha de consulta: noviembre 16, 2019.
[8] Andrews, G. (2012). Plastics in the ocean affecting human health en Teach the Earth. Recuperado de https://serc.carleton.edu/NAGTWorkshops/health/case_studies/plastics.html. Fecha de consulta: noviembre 16, 2019.
[9] Royte, E. (Junio, 2018). We Know Plastic Is Harming Marine Life. What About Us? En National Geographic. Recuperado de https://www.nationalgeographic.com/magazine/2018/06/plastic-planet-health-pollution-waste-microplastics/. Fecha de consulta: noviembre 16, 2019.
[10] Carrington, D. (Junio 5, 2019). People eat at least 50,000 plastic particles a year, study finds en The Guardian website. Recuperado de https://www.theguardian.com/environment/2019/jun/05/people-eat-at-least-50000-plastic-particles-a-year-study-finds. Fecha de consulta: noviembre 16, 2019.
[11] De Lorenzo, C. (Agosto 15, 2019). 6 Ways to Avoid Microplastics, Because Research Shows They’re Everywhere en Bustle. Recuperado de https://www.bustle.com/p/6-ways-to-avoid-microplastics-because-research-shows-theyre-everywhere-18662490. Fecha de consulta: noviembre 17, 2019.
